Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado,exprimido, apurado, ley para la que no hemos sido educados, sino hechos; y en la que no hemos sido instruidos, sino empapados.
A veces siento que se me escapan las horas, que los días se hacen cortos y no me llega el tiempo para lograr algo que ni siquiera sé qué es. Supongo que todos buscamos algo en esta vida. Supongo que cada persona tienen un papel que el azar, la suerte y el destino se encargan de que lleve a cabo. Y nosotros, inocentes, luchamos contra esa fuerza del más allá que posee las riendas de nuestras vidas desde el momento en que nacimos. Quizás para sentirnos más fuertes, intentamos dirigir los pasos que dan nuestros pies, como si supiésemos en todo momento a dónde nos dirigimos. Incluso creemos tener claro cuál es ese objetivo que buscamos en la vida y lo declaramos en busca y captura. Y como era visto desde un principio, las decepciones no tardan en llegar. Nos defraudamos a nosotros mismos, nos duele, nos mata por dentro. Algunas personas malgastan todo el valioso tiempo de su vida buscando quien sabe qué, algo que ni ellos mismos tienen claro; y otras, lamentándose de no encontrarlo.
Al final, puede que lo único que tenemos que conseguir para ser felices es encontrarnos a nosotros mismos, quitar el cartel de 'se busca' y aprovechar el tiempo que nos queda.
Mil veces deseamos caer al vacío con el único objetivo de despegar más deprisa. Mil veces deseamos morirnos simplemente para que se notara nuestra ausencia. Mil veces deseamos no poder hablar por no tener nada que decir. Mil veces sospechó el cielo que ese no era nuestro lugar y cien mil nos tendió la mano el infierno. Trampeamos los malos ratos como pudimos, jugamos todo por el fuego. Perdimos partidas de póker por no tener un as en la manga y perdimos personas por no saber ser humanos. Perdimos tantos momentos que es difícil recordar sin caer en la melancolía. Siempre temerosos de lo malo, olvidamos aprovechar lo bueno de esta vida. Siempre desconfiados, siempre astutos, siempre infames, siempre con rabia. Siempre pendientes de la cuenta atrás hacia la muerte.
Mil veces han deseado los muertos estar en esta vida un rato más. No la malgastes.
Hoxe, 17 de maio, é (ou debería ser) un día de ledicia para Galiza. Un día para conmemorar a todos aqueles que no seu momento loitaron por nós e polo que os galegos somos hoxe en día. A sociedade, as costumes e a cultura da que gozamos actualmente é froito de rabia, de valentía e de ardor. E, posiblemente, hoxe sexa o día de pararnos a pensar se estamos a tratala como se merece. Xa non imos a loitar máis pola nosa lingua? Xa non soñamos cun futuro mellor? A indiferenza que se sinte pola rúa sobre este tema debería ser suficiente para que os que nos sentimos galegos, os que sentimos que estamos en débeda cos nosos devanceiros, alcemos a voz para facer oír a nosa vontade de dar un futuro máis glorioso á nosa terra. Esa terra que nos deu o ser. Esa terra á que nun momento lle arrincaron a vida e tivo que ver marchar á súa xente buscar fortuna fóra. Aínda hoxe lle caen as bágoas ás rías ó lembrarse dos barcos cheos de miseria partir cara América, e as praias seguen arroupando ás mulleres "viúvas dos vivos", que quedaron soas nas casas, con fame e fillos por criar.
E os que vivimos aquí agora, os que disfrutamos da maxia desta terra, da fala, das paisaxes, das meigas que habelas hailas, do encanto das rúas de Santiago, da música, das xentes, das familias, das avoas galegas, do polbo á feira, das noites estreladas de verán, dos solpores en Fisterra, dos amenceres nas Cíes, dos castros celtas, do canón do Sil, da auga fresca dos Ancares... Nós, afortunados, non deberíamos loitar por conservar o que temos? Aínda que só sexa por facer botar un sorriso a Rosalía, Castelao ou Pondal dende onde queira que estén: levantemos a cabeza ben alta e berremos o que outros nos queren facer calar.
"Porque a verdadeira tradición non emana do pasado, nin está no presente, nin se alvisca no porvir; non é serva do tempo. A tradición é a alma eterna de Galiza, que vive no instinto popular e nas entrañas graníticas do noso chan. A tradición non é historia. A tradición é eternidade."
Hay un momento en la vida de todas las personas en el que nos paramos a pensar en aquellas que ya no forman parte de nosotros, que fueron mucho y pasaron a no ser nada. Y recordándolas puedes alegrarte de que se fueran, puedes entristecerte por su ausencia o puedes sentir eso que los gallegos llamamos morriña. Pero, en este caso, no morriña de nuestra tierra: morriña de personas, morriña de momentos y morriña de secretos de los que nunca nadie volverá a hablar. Y te sale una sonrisa en la cara, porque para bien o para mal, todo lo que has vivido te ha servido de algo. Para aprender o para volver a fallar, porque aunque hayas perdido, has ganado si tienes historias que contar. Dicen que lo que no te mata de hace más fuerte, y los corazones más fuertes siempre ganan. Dicen que es mejor sentir dolor que no sentir nada en absoluto y que lo contrario al amor es la indiferencia. Yo digo que siempre que hayas disfrutado de algo o de alguien no debes arrepentirte. Y digo, por encima de todo, que si lejos de esa persona eres más feliz, no dudes en que has hecho lo correcto en irte, porque quien te quiere no te hace daño, y quien te quiere no dejará que te vayas.
A mí no deja de sorprenderme el camaleonismo de la mente humana. Cambios, cambios, cambios. Vidas que hoy ya no se parecen a ayer y que mañana no reconocerás si te paras a pensar. Tantas ganas de todo y tantas ganas de nada. Tantas ilusiones y, en cuestión de segundos, sueños rotos. Tantos momentos, tantas sonrisas, tantos besos y tantos lloros. ¿Y qué son ahora? Recuerdos, nada más. Recuerdos que algún día olvidarás, porque todo se olvida. En una memoria ocupada por un presente cada vez más cercano, sólo queda el día a día, dónde se junta lo bueno y lo malo, lo que podía ser y no fue. Pero al fin y al cabo, esta amnesia aterradora sirve para mostrarnos el enorme futuro que tenemos por delante y, en muchos casos, para aprender a disfrutar del hoy.
"Esta canción va de todos aquellos que van avisando que una relación no va a ir bien y te lo van diciendo, te lo van diciendo, te lo van diciendo y tú no haces ni puto caso, no haces ni puto caso, no haces ni puto caso. Tenían razón, ya se sabe, pero tienes que saborear las partes buenas. Se llama Las malas lenguas"
Cuatro mil días después de aquel año obcecado detecto que al fin te dignaste a cumplir con la cita inaudible. Y me alegro, y me enfado a la vez.
Después de estudiar con cuidado este caso ejerciendo a la vez de fiscal, de abogado, de juez imparcial sentencio lo nuestro, diciendo que el fallo más grande pasó por guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás.
Mirarte de frente, admito en voz alta que no pocas veces he sido tentado a coger la esperanza y lanzarla sin más a la fosa común, dónde yacen los sueños que nos diferencian.
Porque la mayoría de las veces,
las historias más complicadas se resumen en momentos.
2:30 de la madrugada. Estás desvelada, como otras tantas noches. Tumbada en la cama, no tienes pensado pensar en nada pero mil cosas se te pasan por la cabeza. ¿Estarás haciendo lo correcto con tu vida? Tienes la suerte de vivir sola, quién le diera a muchas. También duermes sola, y no te disgusta para nada. Recuerdas las veces que metiste a alguien en esa cama y definitivamente te alegras de vivir sola. Irte de la casa de tus padres fue de las mejores cosas que te pasaron, pero tu época de universitaria pasó y ahora construyes tu vida en las afueras de la ciudad, en un edificio viejo, con muebles viejos y con olor a viejo. Notas la casa fría, el alquiler no incluye calefacción y no estás para gastos. Escuchas voces en el bar de abajo. Te acuerdas de Ginés, el camarero con el que te cruzas miradas desde el primer día que pisaste el local ya hace más de un año. Fue el día que la casera te dio las llaves del piso, tenías las fuerzas que ahora te faltan para explorar la ciudad y decidiste empezar por visitar el bar que hay en el bajo del edificio. Qué cutre te pareció cuando entraste. Te sentaste en la barra y pediste un agua con limón, pero no te atendió la persona en la que te fijaste al entrar. Ginés estaba ocupado limpiando las mesas del fondo y lo cierto es que nunca te atendió él en todas las veces que fuiste, que realmente tampoco fueron muchas. No sueles bajar al bar nada más que cuando vienen visitas forzosas a las que no quieres enseñar tu desastre de casa e invitas a tomar un café. Y Ginés siempre está ahí, te mira y cuando tú te das cuenta aparta la mirada. Ahora ya es rutina, a veces incluso le sonríes y se pone rojo, o eso te parece. Ojalá algún día uno de los dos os atrevieseis a hablar, lo mismo acaba ocupando el espacio vacío de tu cama. Te entra sed. Vas descalza hasta la cocina. El parqué chirría al pisarlo e instintivamente andas con más cuidado, como si no quisieras que nadie te escuchara. Coges un vaso de agua del grifo. Miras la nevera y las fotos que hay pegadas en ella. Qué recuerdos. Están todas las personas importantes en tu vida. Fotos de viajes, de familia, de noches de fiesta... Pero ahora esas personas parecen estar muy lejos de ti, aunque sabes que cuando vuelvas ellos seguirán ahí. Miras el reloj, vaya hora... Vuelves a la cama. Te metes debajo de las sábanas dejando el hueco del lado izquierdo de la cama libre. No sabes por qué lo haces pero siempre es así. Costumbre, supones. Cierras los ojos, intentado conciliar el sueño y con un único deseo: que esta no sea la rutina de cada noche. El resto está todo bien.
Si yo digo piedra y papel dirás tabaco, que dijeras tijeras sería raro
25 de diciembre de 2012
Os cataláns, os galegos e os vascos serían anti-españoles se quixesen impoñer o seu modo de falar á xente de Castela; pero son patriotas cando aman a súa lingua e non queren cambiala por outra. Nós entendemos que a un galego, a un vasco ou a un catalán que non queira ser español se lle chame separatista; pero eu pregunto como se lle debe chamar a un galego que non queira ser galego, a un vasco que non queira ser vasco, a un catalán que non queira ser catalán. Estou seguro de que en Castela, a estos compatriotas lles chaman "buenos españoles", cando en realidade son traidores a sí mesmos e á terra que lles deu o ser. ¡Estos si que son separatistas!
Era un hombre delgado, de estatura normal tirando a alto. Era rubio, aunque tenía la cabeza casi rapada. Tenía el cuerpo lleno de tatuajes, algunos que probablemente nunca enseñó a nadie. Se solía tatuar lo primero que se le venía a la cabeza. A veces simplemente frases que le gustaban, siempre en negrita cursiva. En el fondo de sus espalda, por ejemplo, se podía leer "Sing us a song, you're the piano man". A saber a quién se lo había escuchado, si es que no se la inventó él mismo. Lo cierto es que eran frases profundas, de esas que te hacen reflexionar y que te gusta decir. De su oreja izquierda colgaban más de seis aros y en la derecha llevaba un bonito pendiente de coco. Además de todo esto, también era pianista. Actuaba por los alrededores de Nueva York, donde era conocido como Bill, o más bien, como Piano Bill. Sí, era así como todos le llamaban, y la verdad es que no le disgustaba. Piano Bill se dedica a recorrer cafés de lujo en las grandes ciudades, y pequeñas tabernas en las villas más alejadas. Esté donde esté Piano Bill triunfa. Como jóvenes esperando a su cantante de rock favorito, la gente acude ansiosa a sus conciertos. Sábado, 22.30h. The River Café Parejas casadas que todavía salen por las noches, viejos amigos, compañeros de oficina. Toman sus copas en el River Café. Se cuentan historias de la niñez, a veces repetidas, pero que igualmente hacen reír a unos y aburrirse a otros. Piano Bill sube al escenario. Viste un bonito smoking negro. ¡Qué elegante! La gente eleva la vista cuando lo ve salir, aplaude y, entusiasmada, se acomoda en sus butacas esperando escucharle. El piano de cola del café parece existir solo para él. De pronto empieza a sonar y, de verdad, es fabuloso. Resulta imposible transmitir con palabras lo que Piano Bill transmite con música. Su dulce piano, su vida entera en pentagramas. Es perfecto. Pero lo que realmente espera la gente, es escucharle improvisar. Creo que llega a transmitir exactamente lo que siente. Y se emociona. Sí, cuando improvisa, se emociona. Nadie se atrevió nunca a preguntarle por qué, pero pocos son los conciertos en los ojos de Piano Bill no sienten también el dulce sonido de su música. Y entonces, la gente empieza a aplaudir. Alguno que otro también emocionado, llora. Cuando Piano Bill consigue eso, concluye su actuación.